martes, 4 de enero de 2011

Beatriz Galindo. “La latina”



Escritora y humanista, Beatriz fue preceptora de la reina Isabel la Católica y sus hijos y  una de las mujeres más cultas de su época. Se considera que pudiera ser la primera maestra de España por ser la primera que cobró honorarios a la hora de enseñar.


              1465? - 1534.
Autodidacta y humanista, nació en una familia hidalga pero humilde económicamente y fue la  elegida de  entre sus hermanas para ser monja, ingresando como novicia en un convento de Salamanca. 

Desde muy niña aprende la lengua de Lacio y demostró tanta facilidad en ello que apenas cumplidos los quince años leía, escribía y hablaba latín con tanta perfección que incluso desde la universidad y con tan solo quince años le encargaron varias traducciones de los textos clásicos al Castellano. 

El cultivo del latín era tan escaso, incluso en los mismos ambientes de la universidad salmantina, que provoca la ironía y el escarnio del mismo Antonio Lebrija al ver la incultura que hay con respecto a la lengua de Lacio. He aquí el mérito de Beatriz Galindo. 

Fue precisamente Lebrija quien la asesoró ya que vivía a escasos cien metros de su casa y fue tan impecable el trabajo de Beatriz  que muy pronto y a pesar de la clausura impuesta su fama saltó los muros del convento hasta llegar, a través de Lucio Marineo Siculo,  a oídos de la Reina Isabel. Por entonces, ya eran muchos los que la apodaban “La Latina”.

Isabel la Católica al verse  nombrada reina después de ser la tercera en la sucesión- no olvidemos que  Juana “La Beltraneja” y su hermano Alfonso la precedían- quiso aprender lo más rápidamente la lengua diplomática y fue entonces cuando ofreció a Beatriz el cargo de profesora en la corte. 




Beatriz Galindo, figura entre el grupo de las llamadas “docta puellae”, o “mujeres sabias de la corte de Isabel la Católica”. Este grupo constituye un fenómeno tan brillante como breve, pues nacido bajo el impulso que el Humanismo y el Renacimiento dieron al estudio de la cultura y de las lenguas clásicas, y por la actitud favorable a la educación de las mujeres de la reina Isabel  que disponía de una biblioteca de más de 250 volúmenes y comenzó a estudiar la lengua latina con 30 años, sería prematuramente agostado por las ideas impuestas por la Contrarreforma.

Pero además de ser su profesora de latín, la reina la mantuvo a su lado  como camarera mayor o incluso como consejera, según sostienen Marineo Sículo y otros contemporáneos. 

De cualquier modo, los conocimientos que Beatriz Galindo tenía de las cuestiones de estado no pueden ponerse en duda como refleja el hecho de que, ya muerta la reina, el rey Fernando se dirija a ella en una carta, cuya copia se conserva, para preguntarle dónde podía estar archivado cierto pleito entre un promotor fiscal y las villas de Lepe y Ayamonte.

De todos los autores clásicos que estudió Beatriz Galindo, Aristóteles fue el que más la sedujo y se sabe que escribió sobre este filósofo pero desgraciadamente no ha quedado ningún ejemplar de su obra. Escribió también versos en latín y había estudiado teología y medicina.

Su magisterio no sólo lo ejerció con la reina Isabel, sino con toda la familia real y de manera especial con las hijas de los Reyes Católicos Dª Isabel, Dª Juana, Dª María y Dª Catalina y así las reinas de Portugal, España e Inglaterra fueron mujeres instruidas.

Beatriz se casó en diciembre de 1491, con el capitán artillero y consejero de los Reyes Católicos Francisco Ramírez de Madrid. Fue una boda por conveniencia y por consejo de la misma Reina y para la que los Reyes Católicos le dieron una dote de 500.000 maravedíes. Enviudó en 1501, sin retirarse de la corte puesto que acompaño a la reina hasta el último día de su vida y formó parte del séquito que trasladaría su cadáver a Granada una vez fallecida.

A ella se le debe la fundación del hospital de la Latina y del convento de la Concepción Jerónima en Madrid al que legó su fantástica biblioteca. El barrio de La Latina de Madrid toma su nombre del apodo de Beatriz Galindo, pues fue el barrio madrileño donde vivió. También existen estatuas suyas en Salamanca, su ciudad natal y en Madrid.

En noviembre de 1535, moría Beatriz Galindo en el convento de la Concepción Francisca, donde residió casi los diez últimos años de su vida, vigilando la educación que recibían las jóvenes acogidas en su colegio. 

Está enterrada, por su voluntad, en el coro bajo, y no en el suntuoso sepulcro del Convento de las Jerónimas, como se creyó durante siglos. Sí parece corresponder a Beatriz Galindo la efigie que corona el sepulcro.



Destacar la independencia de Beatriz Galindo, que fundó mayorazgos, administró su hacienda, fundó hospitales y conventos  y tuvo conciencia de haber conseguido su patrimonio mediante su trabajo y su esfuerzo, concediendo la maxíma importancia  al estudio y a la educación de las mujeres como forma de mejorar su situación.




Fuentes: Wikipedia; escritorasypensadoras.com; “Mujeres Pioneras” del Ayuntamiento de Albacete