sábado, 15 de enero de 2011

La prostitución como elección ?



Visto el interés en que la distinción entre la prostitución libre y la forzada es el argumento que debemos incorporar a nuestra aproximación a este fenómeno y que nos ha de llevar finalmente al deseo de despenalizar los burdeles, los chulos y los proxenetas, cabe señalar que esta distinción no es nada nuevo en el debate. 

Ya en la Roma antigua  existían tres tipos de prostitutas: la prostituta (que esta dispuesta) era la que entregaba su cuerpo a quien ella quería. La pala (sin elección) que aceptaba a cualquiera que pudiera pagar el precio demandado y la meretrix ( la que gana) era la que se ganaba la vida por si misma. 
Ahora bien, si consideramos que un parte de la prostitución se articula en torno a la trata de personas, en su mayoría mujeres y niños, fenómeno que se mantiene vigente en nuestros días, hemos de ser cuidadosos al introducir en el debate la idea del ejercicio libre y voluntario de la prostitución por parte de las mujeres, puesto que dicha distinción puede eludir todo un entramado legal, económico y psicosocial que acompaña a la prostitución en la mayoría de las mujeres, niñ@s y hombres inmigrantes que la ejercen. Ignorar esta especificidad significa despreciar sus consecuencias y vulnerar los derechos de las personas a las que  se quiere defender y apoyar.

Evidentemente, hay grandes intereses económicos en torno a la prostitución, tanto para los que mueven los hilos de la industria del sexo, como para algunos Gobiernos, que otean con satisfacción una fuente de ingresos a través del cobro de  impuestos de un negocio legalizado; todos ellos comparten un mismo objetivo: la creación de un ideario colectivo en el que la prostitución se percibe como un hecho cada vez más normal, como una opción personal sin distinción de situaciones, llegando a establecer normas que la regulan y organizan al margen de ello.

Necesitada de fondos para hacer frente a  la crisis económica, Holanda ha decidido apretar las tuercas en más de un sector de la Economía, entre ellos el denominado "Distrito Rojo" de Ámsterdam. La recaudación holandesa considera llegado el momento de "aumentar el cumplimiento" de los sectores que solían quedar fuera del control administrativo. Si bien pocas voces se alzaron contra la medida, se espera que la misma encuentre dificultades, ya que la prostitución es una actividad donde se paga casi siempre en efectivo, y en la que pocos piden factura.



En el año 2000,  Holanda reconoció los derechos laborales de las prostitutas, declarando su estatus de “trabajadoras del sexo”.  Ello supuso la posibilidad de que las prostitutas pudieran reclamar sus derechos laborales ante los Tribunales.  

Sin embargo, tal y como la propia Fundación Rode Draad- El hilo Rojo (vinculada al Sindicato FNV; sindicato mayoritario en Holanda) y defensora de la legalización y regulación de la prostitución, pone de manifiesto en sus informes, la reclamación de derechos apenas se ha ejercido a pesar de que la vulneración de dichos derechos se esté produciendo de forma generalizada y masiva.  

La mayoría de los propietarios de prostíbulos hacen cualquier cosa para forzar a que las  mujeres se constituyan como autónomas, burlando la Ley y por tanto los derechos laborales que les han sido reconocidos a las prostitutas como empleadas por cuenta ajena del sexo. 

En cinco años sólo una mujer hizo uso del derecho a obtener prestaciones por desempleo; hay miedo a perder su anonimato, y a que todo el mundo sepa que son trabajadoras del sexo, pero sobre todo tienen miedo a no poder conseguir otro trabajo, sea dentro o fuera de la prostitución por el poder y control que ejercen los propietarios de los burdeles.

Las amenazas de los propietarios de cerrar sus negocios si tienen que dar a las prostitutas los mismos derechos que a los otros empleados evita las denuncias ante la Inspección de Trabajo, aún cuando los burdeles no reúnen las condiciones higiénicas adecuadas, cuando los propietarios las fuerzan a tomar grandes cantidades de champán con clientes o cuando tienen que pagar multas por no beber bastante.  En cinco años no ha habido ni una sola reclamación por parte de las trabajadoras del sexo ante los Tribunales. Igualmente, la mayoría de las prostitutas no pueden rechazar a clientes o determinados servicios o prácticas, y si se niegan se exponen a la violencia del propietario del burdel. 

En Australia, tras años de legalización la industria ilegal de la prostitución se ha multiplicado, la prostitución en las calles  ha aumentado, no se ha eliminado el tráfico de mujeres, ya que éstas resultan más vulnerables y rentables que las prostitutas contratadas en los locales, y las prostitutas no han conseguido mayor seguridad ni en su integridad psíquica, ni física, ni en los riesgos frente a los graves problemas de salud que conlleva el ejercicio de la prostitución. 

La competencia entre las prostitutas de un salón para que el cliente las elija, conlleva aceptar prácticas sexuales de todo tipo, sin condón e incluso de tipo violento si es el deseo del cliente y se necesita el dinero. El burdel The Daily Planet cotizó en bolsa desde el 2003 y la prensa australiana divulga como un éxito financiero que la industria sexual en Australia tiene unos ingresos aproximados de 1,2 billones de dólares al año.  

Según el Instituto Europeo para la Prevención del Crimen, se estima que las cifras sobre prostitución en España son muy parecidas a las de Alemania, pese a que España cuenta con la mitad de habitantes que Alemania. Un 30% de españoles practican sexo con prostitutas, unos clientes casi invisibles a quien nadie acosa o incomoda. 

Si las cifras que se manejan (sólo un 5% de  las mujeres que ejercen la prostitución en España lo hacen de forma voluntaria), fueran datos contrastados y reales, no seré yo quien defienda la conveniencia de la regulación sin adoptar antes la ejecución de las medidas legales contra la trata, ni de entender esta actividad como un trabajo. Plantear esta realidad como una modalidad de contrato laboral seria de risa sino fuera por las historias personales de aquellas que no teniendo elección, se van quedando en  el camino.



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