domingo, 10 de abril de 2011

Hildegart Rodríguez Carballeira.

Una brillante mujer y una de las pioneras españolas en el campo de la sexología. Su vida fue corta pero prolífica. Fue cofundadora, con el Dr. Gregorio Marañón y otros, de la 'Liga para la Reforma Sexual Española', movimiento que consideraba la vida sexual como positiva, defendía la emancipación de la mujer, su acceso a la educación y la igualdad de derechos en general, entre hombres y mujeres.

Hildegart nació en Madrid un 9 de diciembre de 1914, fue una niña prodigio, concebida por su madre la socialista Aurora Rodríguez Carballeira y un padre biológico escogido por ella sólo con el fin de poder tener una hija que fuera modelo de mujer del futuro. Concebida en Ferrol, una vez que quedó embarazada, Aurora se mudó a Madrid. Entre el conjunto peculiar de ideas de su madre se encontraba la convicción de que los niños no debían ser inscritos en el registro, aunque sí lo hizo en fecha tan avanzada como el 29 de abril, previo bautizo el 23 de marzo, pese a ser su madre atea militante.

En su partida de nacimiento consta como Hildegart Leocadia Georgina Hermenegilda Maria del Pilar Rodríguez Carballeira, si bien solamente usó el primer nombre. Su madre siempre dijo que Hildegart significaba "Jardín de Sabiduría" en alemán, pero nada justifica esa afirmación (si bien podría significar virgen heroica, que ayuda en la batalla). Hasta los cuatro años fue visitada por su padre, hasta que Aurora comenzó a sospechar de su influencia y se lo prohibió.

Leía a los veintidós meses, escribió su primera carta a los tres años, con cuatro años era la mecanógrafa más joven titulada por la casa Underwood y antes de cumplir los diez años leía y escribía en cuatro idiomas. Concebida como experiencia científica, se dedica al estudio constante con dos temas prioritarios: la filosofía racionalista y todo lo relacionado con el sexo. Su madre piensa que es la única forma de que no caiga en la trampa que esteriliza el talento de muchas mujeres.

A los 13 años acaba el Bachillerato, y a los catorce se lanza a la lucha que su madre le había previsto. En Enero de 1929 ingresa en la Unión General de Trabajadores (UGT). También ingresa en las Juventudes Socialistas madrileñas. Pocos meses después, publica sus primeros artículos en "El Socialista" y se hace popular. En mayo de 1932 termina Derecho, pero debe esperar a ser mayor de edad para poder ejercer, sólo tiene dieciséis años, así que comienza los estudios de medicina





Junto a sus artículos en "El socialista", empieza a colaborar con otros dos diarios madrileños; "La Libertad" y "La Tierra". Además, participa en numerosos actos políticos y culturales, con frecuentes conferencias en las que defiende, no sólo la igualdad jurídica de la mujer con el hombre, sino la completa liberación del sexo femenino. Algunas de estas conferencias después aparecerían (ampliadas y corregidas) convertidas en libros (por ejemplo, "La rebeldía sexual de la juventud"). 


En el tema político, desilusionada por la actuación del partido socialista en la Segunda República de España, parece que Hildegart, al igual que otros compañeros va a abandonarlo, pero antes de eso es censurada por su indisciplina, al oponerse en un artículo publicado en "La Libertad", a la candidatura propuesta por el partido

Aprovecha para escribir un libro titulado "¿Se equivocó Marx?" en el que opina que, en cuanto al socialismo en sí, anarquistas y feministas tienen razón al afirmar que los diputados obreros acaban siendo corrompidos por las mismas instituciones burguesas a las que pretenden destruir. Al epílogo de esta obra le añade una nota breve a través de la cual se da de baja, tras cuatro años militando en la Federación Nacional de Juventudes, en la Agrupación Socialista madrileña y en el Sindicato de Actividades Diversas de la UGT.

Tras esto, pide su ingreso en el Partido Republicano Federal. Los tres últimos años de vida de Hildegart son muy prolíficos. Escribe casi a diario artículos para "El Socialista", primero, y para "La libertad" y "La Tierra" después, colabora con revistas extranjeras, pronuncia numerosas conferencias y publica diversos libros.

Si resulta interesante su labor en el terreno político, más importante e interesante resultan aún sus trabajos encaminados a la liberación de la mujer. Si en los primeros años aboga por la concesión del voto a la mujer, defiende posteriormente la igualdad jurídica entre los dos sexos (como sostiene en su obra "Venus ante el Derecho") y más aún, la liberación femenina de toda clase de tabúes y prohibiciones sexuales. Considera que este aspecto del problema supera en importancia a todas las revoluciones que ha conocida la humanidad y que contribuirá en mayor medida que ninguna otra a liquidar injusticias.

Hildegart, que estudia y conoce las más modernas teorías sobre el comportamiento sexual de la pareja humana, cree que "el problema del sexo se eleva ante las generaciones futuras como el principal problema al que debe buscarse una solución urgente". Se lanza resueltamente a la cruzada en defensa de la mujer. Da conferencias sobre la injusta postergación femenina y la urgencia de un cambio jurídico y ético. Interviene personalmente en las semanas de eugenesia y es cofundadora de la Liga Española para la Reforma Sexual, sección de la Liga Mundial para la Reforma Sexual que tenía sede en Berlín. Ella organiza sus estatutos y elabora los primeros números de la revista “Sexus”, su órgano de debate y difusión de las ideas

Abordó temas que la sociedad española seguía considerando intocables y la participación en la Liga le permite mantener relación por carta con Havelock Ellis, uno de los precursores de la sexología europea, a través del cual publica algunos ensayos y trabajos en revistas científicas extranjeras y empieza a ser conocida en Alemania, Inglaterra y Francia. Entre sus admiradores también podemos encontrar a H.G. Wells, al que Hildegart sirve de interprete y acompañante en una de sus visitas a Madrid, y que trata de convencerla de que ella tendría más futuro en Inglaterra.




Retrato de Hildegart Rodríguez, y Aurora, en un retrato de 1933

Paradójicamente, los conocimientos de Hildegart sobre la sexualidad eran teóricos. Su madre despreciaba 'el placer animal de la carne' y nunca le permitió intimidad alguna, ni amigos, ni oportunidad de pasar tiempo con un hombre a solas. Havelock Ellis, la llamó "la virgen roja", haciendo referencia a sus tendencias izquierdistas y a su nula experiencia sexual.

La madrugada del 9 de junio de 1933, en el ático de la calle Galileo donde viven, Aurora entra en la habitación de su hija que está dormida. Aurora lleva un arma y dispara cuatro tiros. Ha hecho lo que quería: “Suprimir una obra sublime con un acto sublime, ya que cualquier madre es capaz de parir, pero no de matar a sus hijos. La facultad de dar la vida lleva implícita la de quitarla, pero requiere gran valor”, deja escrito a los pies del cadáver.  Cuando le preguntaban a Aurora por qué lo había hecho, respondía: “Porque era tan hermosa”. No estaba arrepentida. Lo volvería a hacer. En el juicio, declaró que la muerte se había producido de común acuerdo.

Al parecer, según recogió la prensa de la época, Hildegart había afirmado varias veces a su madre su intención de abandonarla, especialmente desde que había ingresado en el Partido Federal. También se hablaba de las relaciones amorosas que tenía con cierta persona que se decía que era teniente de alcalde en Barcelona. También sospechaba la madre que su hija sostuviese relaciones con otro joven socialista y que además tuviera gran amistad con un escultor, que en esos momentos le hacía un busto a la muchacha y a quien esta dedicó en cierta ocasión un elogioso artículo.  

Lo que parece más probable y coincide con el relato de su madre, es que el deterioro de la relación entre ambas era profundo, principalmente por el progreso de la paranoia de su madre. Hildegart intentó varias veces separarse de ella, a lo que su madre respondía con amenazas de suicidio. Cuando vio que su familia se separaba de su proyecto decidió destruirla.




La condenaron a 26 años, ocho meses y un día de prisión. A los dos años desapareció. Todo el mundo pensó que se había fugado o había sido excarcelada en medio del alboroto político y social de 1936. Pero no fue así. Aurora Rodríguez Carballeira nunca estuvo en la cárcel. Su prisión fue el hospital psiquiátrico de Ciempozuelos donde murió, completamente sola
 
Años después del crimen, la criada confesó que Aurora había tenido a Hildegart secuestrada durante sus últimos días. Le cortó el teléfono, le prohibió recibir correspondencia, le negó cualquier contacto con el exterior. Antes de disparar, le había quitado ya la vida.






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